Escribo esto dedicado a mi zoocia Lidia quien se encontró con odio y estupidez ayer tarde
Hoy son las elecciones al
parlamento europeo. La gente acude a votar (excepto aquellos que no estamos
censados en el lugar donde vivimos actualmente, en cuyo caso ya hemos votado
hace un par de días)
Y yo me pregunto: con la
cantidad de veneno que muchos blogeros y gente de la calle vamos y estamos
echando sobre el maldito tema de la política… ¿por qué seguimos votando?
Cuando estamos en segundo
de bachiller se nos enseña lo que es el bipartidismo, ese juego de sillas
aparentemente justo que se creó hace ya bastante tiempo y que actualmente
funciona incluso demasiado bien. E incluso se nos habla del pucherazo, ese
método en el que básicamente era trampa va y trampa viene.
Y el pueblo seguía
votando.
Y seguiremos votando.
Las mujeres que conozco
(yo incluida) defendemos el derecho a votar porque costó mucha sangre el que
pudiéramos siquiera plantearnos a quien irá nuestra papeleta. Los hombres que
conozco votan porque se sienten necesitados. Aunque todos nosotros digamos en
voz baja que no tendremos la representación que queremos seguimos acudiendo a
votar porque, realmente, si no votásemos tampoco podríamos sentir que estamos
haciendo lo correcto.
Y las urnas siguen
llenándose.
El juego de la política
realmente es un juego peligroso, un político puede ser honrado y ser olvidado,
un político puede ser corrupto y ser perdonado. En la política nadie gana y
nadie pierde (excepto el pueblo llano claro está) y tampoco tenemos muchas más
cartas en nuestras manos. Pero debemos admitir que en esta sociedad de
animaladas hay unos pocos ritos que nos hacen
sentirnos necesitados. Y el juego de las urnas es uno de ellos.
Actualmente hay muchas
cosas por las que votar, recortes, ley del aborto, ley de la inseminación artificial,
problemas exteriores… y un largo etcétera. (O al menos es lo que nos dicen que
se vota claro está) Y muchas veces se vota por que se es necesario cuando
realmente tenemos que verlo como la única arma, aunque sea de fogueo, que
tenemos la mayor parte de las veces.
La pregunta no es ya
entonces por qué seguimos votando sino porque no nos conciencian del voto.
Quizás porque el soniquete del famoso juego de las urnas ya es casposo y somos
los primeros que ya no creemos en la política. Quizás porque ya no existe la
política sino la apolítica.
Y sin embargo seguiremos
votando.
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